lunes, 19 de junio de 2017

Él nunca lo haría

Pasó hace unas semanas. En uno de los grupos de WhatsApp que comparto con otros compañeros (esos fisiofrikis nos llama mi chica) hablábamos de esos pacientes que de un día para otro simplemente "desaparecen".  No, no hablábamos de aquellos que te dejan tirado, sin avisar ni nada, esos que te cogen cita urgente para mañana a las 8 de la mañana, y después de darte un madrugón de campeonato te dejan más en la estacada que los barones socialistas a Pedro Sánchez. Hablábamos de esos pacientes a los que tratas, una, dos o tres veces, que están mejorando, aquellos pacientes con los que has pautado y consensuado un plan de ejercicio, de tratamiento,  unos objetivos, y que de repente, con  una llamada de teléfono, o con un mensaje de whatsapp anulan la cita, sin motivo, sin explicaciones. Si te he visto no me acuerdo.

Hace unos meses, en Twitter (más frikis, sin el apellido, generalizando) preguntaba Julio Mayol cómo se sentían los profesionales ante el abandono por parte del paciente:
La respuesta es cuando menos curiosa. Un 60% de los profesionales se sienten dolidos ante una pérdida de ese tipo. Quizás el raro soy yo, pero no lo veo. Hablamos a menudo de "mis" pacientes, o de "nuestros" pacientes, evocando con esos determinantes posesivos un concepto de posesión completamente equivocado desde mi punto de vista. La relación terapeuta-paciente no es una relación de pareja, ni de amistad, en la que dos personas se escogen libremente, y en la que esa sensación de abandono cuando las cosas al final se acaban puede estar justificada. La relación terapeuta-paciente es  absolutamente asimétrica. Es el paciente aquel que escoge el terapeuta (y algún político español diría que es el terapeuta aquel que es escogido por el paciente, y es el paciente el que vota al alcalde, pero vamos a dejarlo aquí), o en según que sistemas, es el propio sistema el que asigna un terapeuta a un paciente, o un paciente a un terapeuta. Pero por lo que yo conozco no existe en ningún caso el profesional sanitario que va "eligiendo" a sus pacientes (aunque reconozco que como idea no estaría nada mal). Tiene mucho más sentido por ello que yo hable de "mi" dentista, o de "mi" médico de familia, a que yo hable  de "mis" pacientes.

Y sin embargo en fisioterapia ese porcentaje del que hablaba Julio Mayol se mantiene o incluso se eleva. De eso hablaba con mis compañeros (sí, aquí el mis si está bien utilizado). Ese paciente al que pensábamos que con una o dos sesiones más habríamos alcanzado todos los objetivos y que nos "abandona" antes de tiempo. ¿Antes de tiempo? ¿Abandona? A lo mejor no es así del todo. En fisioterapia, habitualmente, no salvamos vidas. Sí, es cierto, mejoramos la calidad de la vida de los pacientes, pero eso también lo hacen mil otras cosas (voy abriendo el paraguas), un libro, tener más tiempo libre, un analgésico, 6 en la primitiva... Y además, somos bastante periféricos en la vida de muchos de esos pacientes. Ese paciente ha pasado con nosotros una, dos, quizás tres horas en el último año de su vida... (no hagáis cuentas, ya os lo digo yo, un porcentaje menor del 0,05... tendría peso estadístico). No sabemos porqué el paciente dejó de venir, quizás consideró que ya se encontraba lo suficientemente bien como para necesitar esa otra sesión que habíamos planificado juntos, o quizás todo lo contrario, consideró que no se encontraba lo suficientemente bien como para seguir acudiendo a nosotros y prefirió buscar en otro sitio. Quizás simplemente no tenía tiempo, o dinero, o ganas, o cualquier otro motivo que no le apetecía compartir con nosotros.

Hace años que decidí dejar de hacerme pajas mentales elucubraciones sobre aquellos aspectos que no podía controlar. Admití que esta relación con la que trabajo es una relación en la que de alguna manera (y aparte del paraguas, voy poniéndome un chubasquero por la que me pueda caer) el fisioterapeuta tiene mucho de kleenex, muy útil cuando es útil, hasta que de repente un día no lo necesitas más y se va a la basura. Acepté que yo soy de mis pacientes,  y que son ellos los que deciden cuando empieza nuestra relación y cuando acaba. Asumí que por mucho que establezca con ellos una buena relación, que los involucre en tratamiento y en la toma de decisiones, seguimos siendo dos extraños que caminan juntos solamente durante un breve trecho del camino. Me hice cargo que como en cualquier relación de pareja solo sabemos cuando va a acabarse cuando ya se ha acabado, y que en esto tampoco hay simetría.



No, el paciente no me abandona cuando decide dejar de venir. Entiendo que tiene sus motivos aunque yo no los conozca, de la misma manera en la que yo abandono un tratamiento cualquiera sin que la amoxicilina se sienta abandonada por ello. Pero en el colmo de la asimetría de esta relación, seguiré sintiendo el peso de la responsabilidad cuando un paciente, cuando ese mismo paciente, deposite su confianza en mí para que le pueda ayudar. 

Muchas gracias y buena lectura.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Falsas disyuntivas

- " y tú pequeñín... ¿a quién quieres más? ¿a papá o a mamá?"

Los que son padres o madres saben que esa pregunta solamente nos informa de una cosa. Del desconocimiento por parte de la persona que la realiza. Podría hablar de paternidad, visto que el tema me vuelve a tocar de cerca, pero en el fondo, como de costumbre voy a hablar de otra cosa. Y que me lluevan piedras.

De cuando en cuando escucho a diversos compañeros señalar como uno de los problemas (otro más) de esta profesión mia la proliferación de dobles grados. Lo justifican diciendo que el doble grado causa en el estudiante una falta de identidad. Y lo dicen tan convencidos que a veces, en algunos momentos, tengo la sensación de que lo que dicen sea verdad. Luego miro los libros de Psicología que se amontonan sobre mi mesa, en mi clínica, en la mochila y me entra miedo de estar perdiendo también yo parte de mi identidad. Por suerte acabo despertándome y volviendo a la realidad.

Una tarde de septiembre de 1996, Tomás Gallego Izquierdo, en aquel momento responsable de la escuela de Fisioterapia donde me formé, nos recibió a todos contándonos que era la fisioterapia. O mejor, la FISIOTERAPIA. Creo que a Tomás se le podrán hacer muchas críticas, pero la de que le falte identidad profesional seguramente no. Lo curioso es que Tomás Gallego es enfermero además de fisioterapeuta. En aquellos años tuve también el placer de conocer a una persona que ha estado vinculada al Colegio de Fisioterapeutas de Madrid desde sus inicios, Ramón Bonilla, actual Defensor del Ciudadano del Colegio. Otra persona con un compromiso total con la identidad de la fisioterapia. Y que además de enfermero y fisioterapeuta es licenciado en Derecho. Hablando del Colegio de Fisioterapeutas de Madrid, su ilustre Decano es licenciado en Humanidades. Y la directora del Departamento de Fisioterapia de la Universidad para la que trabajo, licenciada en Derecho. Y conozco multitud de fisioterapeutas licenciados en Psicología, diplomados en Podología (recordáis cuando la doble que molaba era esa), licenciados en Periodismo... incluso conozco maravillosos fisioterapeutas que antes de serlo han sido licenciados INEF, o con el cambio de Bolonia, grado en CAFYD. Y de ninguno de ellos dudo a priori de su identidad profesional.... entonces... ¿dónde está el problema?

A ver si alguien me lo explica. ¿Si una persona estudia fisioterapia y luego estudia otra carrera, ese nuevo estudio no le genera una falta de identidad sino que aumenta su conocimiento, pero si se estudian a la vez no? (que alguien me explique cual es el constructo que lo justifica) ¿Cual es el plazo necesario para que dos carreras se puedan estudiar sin que el conocimiento adquirido en la segunda genere interferencia con la identidad proporcionada en la primera? ¿Un año? ¿Diez? ¿Y la identidad vencedora en ese "Juego de Tronos" interno es la primera o la segunda? ¿Y el plazo necesario para que una formación me dote de una identidad? ¿Y cómo sobreviven las personas que tienen tres títulos universitarios? (Imagino que colapsan en una especie de crisis de identidad profunda de la que solamente pueden salir inscribiéndose en otra carrera más, por ejemplo Psicología).

A ver si lo explico. Ser fisioterapeuta y grado en Ciencias de la Actividad Física y Deportiva no son dos categorías exhaustivas y mutuamente excluyentes. Uno puede ser fisioterapeuta y lo que le de la gana. De hecho hay fisioterapeutas de muchos tipos: listos y tontos, guapos y feos, hombres y mujeres, hay incluso algunos que son fisioterapeutas y extrusos y mal que me pese siguen siendo fisioterapeutas (y considero que a la identidad profesional le hacen bastante más daño). Las únicas categorías identitarias exhaustivas y mutuamente excluyentes  a este nivel son "Ser Fisioterapeuta" y "No ser Fisioterapeuta". El resto son categorizaciones que ayudan a marcar un "nosotros" y "ellos" que no es real.



Habrá momentos en los que el pequeñín quiera más a papá. Otros en los que quiera más a mamá. Pero no es una elección disyuntiva. Y no comporta una falta de identidad.  La identidad profesional va más allá de un título universitario. Es la diferencia entre hacer fisioterapia (un trabajo, como otro cualquiera) y ser fisioterapeuta (una profesión, como otra cualquiera). Y ser fisioterapeuta no está reñido con mil otras cosas más. Y estaría bien que de vez en cuando dejásemos de estar reñidos con mil otras profesiones más.

Muchas gracias y buena lectura.

martes, 31 de enero de 2017

Moviendo lindes

El otro día tuve el placer de participar como invitado a una mesa redonda sobre el Extrusismo que organizó el Colegio de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid. Me doy cuenta de que tengo unas cuantas cosas más que decir sobre el extrusismo de las que he dicho hasta ahora, pero no será el tema de la entrada de hoy. Lo dejaré para más adelante. Hoy quiero ser polémico. Y como quiero ser polémico hablaré de Ese oscuro objeto del deseo en que se ha convertido el ejercicio. O siempre en términos cinematográficos, de La Delgada Línea Roja entre CCAFYDE  y Fisioterapia.

Después de escuchar a unos, a otros, de leer desde hace varios meses sobre el tema,  y después de haber buscado un poco de información para preparar esa mesa redonda tengo unas cuantas preguntas que hacerme, o que haceros, me encantaría que me ayudaseis a responderlas.

Nos peleamos con los médicos, yo el primero, para que no se apropien de la palabra diagnóstico. Entendemos y aceptamos que un fisioterapeuta puede hacer diagnóstico dentro de su profesión de la misma manera que un médico lo hace en la suya. Cuando la palabra en cuestión es "ejercicio" lo que hacemos es añadirle terapeutico para defenderlo como nuestro. No hace falta. El ejercicio pertenece a la fisioterapia por derecho, pero no en exclusiva. Lo mismito que les decimos del diagnóstico a otros profesionales. Le ponemos el apellido "terapeutico" para que parezca más nuestro. Pero vamos a ver si eso no encierra una mala noticia, o por lo menos una perversión.

Defendemos, a capa y espada, y en cualquier foro, que nos gustaría que la fisioterapia fuese una profesión de acceso directo, de primera intención. Es decir, que pudiésemos trabajar tranquilamente sin el diagnóstico médico. Y la verdad es que esto, en la mayoría de los casos es ya una realidad (el 90% de los pacientes que veo en mi ejercicio profesional carecen de ese diagnóstico médico). Ahora, defendemos que el ejercicio si hay una patología (es decir, diagnóstico médico) es de nuestra propiedad, porque se convierte en ejercicio terapeutico (he aquí la perversión de la palabra, según la RAE terapeutico es aquello encaminado al tratamiento de dolencias... y si mi paciente no tiene una dolencia? y si mi paciente no tiene una enfermedad? en ese caso puedo prescribirle un ejercicio?) Si nos atenemos a la defensa que hacen algunos, estaríamos haciendo extrusismo un día sí y otro también.

Y si decimos que es porque hay patología... realmente todos los fisioterapeutas estamos preparados para dosificar ejercicio para una diabetes, o para una obesidad mórbida....?  un poco de H-U-M-I-L-D-A-D, que sepamos de patologías no nos hace saber de todas las patologías del mundo más que nadie. Ahora, desde el otro lado, aviso a navegantes. No solamente sabemos de patología músculo-esquelética... pensamos que cualquier CCAFYDE es capaz de prescribir ejercicio a una persona con una PCI, o con un problema de ataxia....? De nuevo un poco de HUMILDAD, también por el otro lado.

Igual los fisioterapeutas tenemos que centrarnos en lo que sabemos, en lo que realmente es nuestro objetivo profesional. Somos profesionales en la recuperación de la función. Esta intención es la que debe guiar nuestro diagnóstico, y por ello nuestro tratamiento. Tal y como lo veo yo, si una persona quiere poder correr porque tiene un problema que se lo impide, el fisioterapeuta es el profesional indicado para pautarle ejercicio. Si esa misma persona ya puede correr y lo que quiere es hacerlo de una manera más eficiente, más rápida, o por un terreno diferente, el fisioterapeuta debería saber decir: No gracias. Busca un profesional adecuado

Otra forma de verlo sería saber quién paga los platos rotos si las cosas van mal. Es decir, quien tiene responsabilidades (quién tiene que responder) si las cosas van mal. Por mi perfil profesional se que si planteo un ejercicio equivocado o cambio un tratamiento pautado, o simplemente aplicando un tratamiento pautado por otro profesional, soy R-E-S-P-O-N-S-A-B-L-E  de todo ello. ¿Hasta donde llega la responsabilidad en otras profesiones? ¿Por qué pueden ejercerla sin tener una colegiación obligatoria? ¿Tienen un seguro de Responsabilidad Civil?



En algunos momentos esta disputa (para ti esto es un fitball, para mi una pelota de Bobath, para la gente de la calle es una pelota de esas grandes, todos tienen razón) me recuerda a esas disputas de los agricultores gallegos, moviendo de día una piedra aquí o allí para agrandar una linde mientras el vecino la vuelve a mover de noche.

Muchas gracias y buena lectura

viernes, 13 de enero de 2017

Esas incoherencias adolescentes.

Ponemos en la puerta "Fisioterapia Manual Avanzada". Pero dentro seguimos haciendo masaje. Y Cyriax.

Le explicamos a nuestro paciente que no se tiene que preocupar si en la resonancia magnética aparece una hernia, porque las pruebas de imagen no tienen relación directa con sus síntomas. Pero luego le hacemos una ecografía.

Nos ponemos como energúmenos si a una esteticista le da por hacer un masaje a uno de nuestros pacientes. Pero nos parece lo más normal del mundo quitarle la leche y los tomates de su alimentación. O tratar fobias.

Nos encanta decir que no nos hace falta el diagnóstico médico para trabajar. Pero luego nuestro argumento para justificar nuestra primacía en el ejercicio terapéutico es "Si hay patología (ergo diagnóstico médico) es nuestro."


Sabemos perfectamente que los tendones responden principal y casi exclusivamente a los estímulos de mecanotransducción. Pero le seguimos soltando descargas como si fuese un tratamiento de elctroshock.

Se nos llena la boca hablando de razonamiento clínico y educación terapéutica. Pero solamente llenamos los cursos que hablan de técnicas.

Criticamos sin parar a nuestras instituciones profesionales. Pero a las asambleas acude un 1%.

Somos muy buenos diciéndole al resto de profesionales que tienen que derivarnos pacientes. Pero con tanto derivar nos hemos convertido en "todoterapeutas" y nosotros no hacemos lo mismo.

Reivindicamos el cambio de paradigma y el movimiento activo. Pero seguimos poniendo la camilla en el centro de la sala.


Muchas gracias y buena lectura.



jueves, 24 de noviembre de 2016

Quo vadis, Fisioterapia?


Hoy voy a hablar de extrusos y de extrusismo. Lo digo porque por lo visto hay a quién el tema le molesta, así que mejor avisar para no herir susceptibilidades (Si todavía no sabes lo que es un extruso puedes empezar por esta entrada)


Hace algunos años, unos sociólogos elaboraron la teoría de que las ideas se regían por leyes más o menos similares a las que Darwin dictó para la Teoría de la Evolución. La supervivencia del más apto. La supervivencia de las ideas que mejor se adaptan a los tiempos. Así, la dictadura entendida como idea, que nació en Roma hace más de dos mil años, y que en ese momento tenía un sentido y una lógica (adaptativa diríamos), dejó paso a la democracia (una idea relativamente moderna, por mucho que la palabra sea griega lo que hacían los griegos era más bien una oligarquía, o incluso una plutocracia) que hoy en día se acepta mayoritariamente como idea vencedora. 

Pero no nos engañemos, las ideas son producciones humanas, y como tal es la intervención y las decisiones humanas las que ayudan a que una idea prospere o no prospere. Abolir la esclavitud (una idea en principio magnífica, y que ahora no tiene discusión posible) le costó a Estados Unidos su única Guerra Civil. La idea no se impuso porque fuese mejor (aunque lo fuese) sino porque aquellos que la defendían ganaron aquel pulso. Pero hablar de guerras  quizás no es lo adecuado. No propongo ni una guerra ni una cruzada para la fisioterapia. Pensad en otra idea, todavía más reciente que la democracia, o que la abolición de la esclavitud, pensad en el feminismo (igualdad de derechos sin tener en cuenta el sexo de las personas). Es una idea buena, y sin embargo su camino para crecer y expandirse está plagado de dificultades y pasos pequeños y lentos. Solo cuando los gobiernos legislan permiten que esos avances sean más rápidos. Primera reflexión: los que están en puestos de responsabilidad deben apoyar a las ideas buenas para que crezcan.

Ahora vamos al caso contrario. Se expande por Europa, lentamente, una idea de radicalización de la política de nuevo (una idea que se resiste a morir) y vuelve a crecer, como un virus, en diferentes países… Brexit, Le Pen, Austria… y sin embargo Alemania, gracias a un doble proceso evita un crecimiento real de esa idea en las urnas. Por un lado una legislación que dificulta la existencia de partidos que defiendan ciertas ideas. Por otro, la convicción general (defendida desde medios de comunicación, desde las instituciones de enseñanza) de que esa idea no lleva a ningún sitio bueno. Segunda reflexión: aquellos que ayudan a formar ideas son responsables de no permitir que ciertas ideas crezcan.
Solo uno siguió evolucionando

Vaya rollo histórico-político que os acabo de soltar. Pero yo dije que iba a hablar de extrusismo. El extrusismo es una idea. Una idea que está muy presente en la fisioterapia de hoy en día. Hay quién la defiende diciendo que si a muchos le parece buena es porque lo será (sin palabras, ya habéis visto antes la cantidad de ideas “buenas” que tenían muchos defensores a lo largo de la historia….). La idea de una fisioterapia científico-escéptica representa justo lo contrario.

Por eso son los Colegios, las Universidades, las instituciones públicas, las que tienen la obligación de decidir, apoyar y proteger aquellas ideas que sean mejores para la profesión, independientemente del número de personas que las apoyen. Portavoces en comisiones que utilizan cuarzos de colores para normalizar chakras, hospitales públicos que tienen protocolos de Reiki, profesores de universidad que utilizan velas óticas…. No basta con defender las ideas, es necesario desde esos puestos impedir que ciertas ideas crezcan. Aquí no vale hacer la del Don Tancredo. La omisión de acción se convierte en acción. Permitir voluntariamente y de modo consciente que alguien con un virus contagioso se sitúe en un aula de fisioterapia repleta de estudiantes, en un centro público repleto de pacientes, o en un puesto de representación institucional en contacto con otras profesiones no es ayudar a la profesión, es favorecer la difusión y perpetuación de ideas que lejos de hacernos crecer nos hacen cada vez más pequeños.

Muchas gracias y buena lectura.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Algunos Fisioterapeutas Buenos

Vamos a empezar por el principio. En España hay españoles. Mucho españoles, y muy españoles…. Ah, no, que no era eso lo que quería decir, que eso ya lo ha dicho alguno. Volvemos a empezar.

En España hay muy buenos fisioterapeutas. Lo digo porque parece que a veces se nos olvida. Parece que a veces cualquier cosa que viene de fuera es mejor, como esos equipos que compran jugadores de fútbol brasileños, como si el ser brasileño los convirtiese automáticamente en mejores jugadores. Con la fisioterapia pasa un poco lo mismo. Si viene de las antípodas, o del Benelux, el fisioterapeuta es ya la leche. Y no es por dar nombres, que podría, pero hay gente de aquí que no tiene nada que envidiar a los que vienen de fuera (o quizás lo que envidian, precisamente, es que no los reconocen porque no son de fuera).

Cuando hablo de que hay muy buenos fisioterapeutas no me refiero a los que publican mucho, ni a los que están en órganos punteros de la profesión, ni a aquellos que están al frente de estructuras de formación, sean universitarias, de postgrado, públicas o privadas. Hablo de fisioterapeutas muy buenos, con AMOR por la fisioterapia, con CONOCIMIENTO profundo de la profesión, con años de EXPERIENCIA. Profesionales a los que las redes sociales, la ANECA, y el JCR se la traen floja (aunque algunos de ellos tengan perfiles, estén acreditados y publiquen en primer cuartil habitualmente). Pues creo que esos fisioterapeutas buenos tienen todavía un gran servicio (más) que hacer por la fisioterapia.

Algunos piensan que los Colegios profesionales no hacen lo suficiente por la fisioterapia. Yo no voy a entrar a juzgarlos. Hacen mucho. Y mucho bien. Lo que está claro es que a veces parece que en España tenemos diecisiete fisioterapias diferentes. Y que la lucha política, que la hay, no beneficia a la profesión. De las sociedades científicas qué puedo decir. Pues eso, que son científicas. Que su objetivo no debería ser la profesión sino la Ciencia de la Fisioterapia, cada una en su contexto. Hacer crecer una parte de la profesión. Pero toda la profesión no es ciencia. Ni es política. Ni es gestión, ni clínica ni docencia…. La profesión es cada una de esas cosas, todas juntas y muchas más.

Ultimamente paso a menudo por delante de la sede de la Real Academia de Farmacia. No de Madrid. De España.  Y sueño. Molaría (mucho) una Real Academia de la Fisioterapia. Un lugar de encuentro donde esos fisioterapeutas BUENOS, libres de impulsos políticos, de ambiciones económicas, de necesidades anecables, aportasen para hacer crecer la profesión. Ya veo el lema:  Real Academia de Fisioterapia.  Limpia, Mueve y Da esplendor. (Pidiendo permiso a la RAE, claro está).  Los sillones nombrados como las vértebras (el honorable académico Zutanito de Tal, que ocupa el sillón C7 de la RAF…. No me digáis que no mola). Una Academia que registrase el buen uso de la Fisioterapia, que aconsejase como órgano consultivo a los Colegios cuando proponen cursos sobre…  mesoterapia por poner un ejemplo.



De la misma manera que todos hablamos español, pero que para hacerlo de una manera correcta confiamos en los dictados y respetamos las normas (el diccionario, la gramática) que nos da la RAE, estaría bien que todos supiésemos cuándo hacemos fisioterapia, y cuándo otras cosas. Y al igual que la RAE nos aconseja abandonar una palabra por estar en desuso, nuestra RAF nos aconsejaría abandonar técnicas de pasado milenario y efectos dudosos. O cuándo incorporar una técnica nueva porque sus efectos son conocidos y mejores que lo que ya hacemos, igual que se incorpora una palabra al diccionario. Una Academia con espacio para científicos, para docentes, para clínicos, para gestores. Una Academia sin fines políticos, ni económicos, ni amiguísimos. Una Academia con esos fisioterapeutas buenos, que anteponen su profesión a sus intereses personales. Todos conocéis alguno. Solo hay que sentarlos en la misma mesa y pedirles que hablen de lo que más les gusta. Los demás saldremos ganando.


Muchas gracias y buena lectura.

lunes, 8 de agosto de 2016

Citius, altius, fortius? No, solamente Optimum

Hoy estamos de Juegos Olímpicos. Hoy toca hablar de deporte. De fisioterapia y deporte. De mi opinión sobre la fisioterapia y el deporte.

Como muchos fisioterapeutas reconozco que me atrajo la idea de la fisioterapia deportiva desde mis tiempos en la Universidad. Nunca fue mi motivación principal para estudiar fisioterapia, pero es cierto que por los comentarios de algunos profesores, por la imagen que se daba de los fisioterapeutas en el mundo del deporte (hace veinte años era prácticamente el único ámbito con el que la gente relacionaba la fisioterapia de manera automática) y porque el mundo del deporte en el fondo siempre me ha atraído, durante un tiempo desee poder ganarme la vida como fisioterapeuta especializado en deporte.

Tuve suerte. No puedo decir que me dediqué al deporte de élite. Pero al menos tuve la posibilidad de ser fisioterapeuta en un equipo de baloncesto profesional. Club de Baloncesto Alcalá. Allá por el año 2000 (qué joven se me ve en la foto del equipo). Jugábamos en liga LEB2, que ya no se ni siquiera si existe (de hecho perdimos la categoría a final de temporada) en el pabellón de Caja Madrid (anda, estos también han perdido la categoría) de Alcalá de Henares. Quedaría muy bonito decir que aprendí mucho de aquella experiencia, pero sería mentira, aprendí lo justo. Si que puedo decir que fue muy enriquecedora. Me bastó un año para decidir que el deporte profesional y yo íbamos a ir por caminos separados.

Deportistas profesionales. Gente que se gana la vida gracias a su cuerpo. Gente que se gana la vida aún a costa de su cuerpo. Lo vemos ahora en los Juegos. El deportista de élite no piensa en su salud futura. Piensa en hoy. En esa décima de segundo menos, en ese gesto que le acerque a una medalla, a la gloria, y también al dinero que a veces va unido a ellas, una beca, un contrato... el deportista el día de mañana también tiene que comer, y quitando algunas pocas excepciones, la mayoría de ellos, cuando dejen de competir, no podrán vivir de las rentas.

De mi experiencia en el Alcalá recuerdo sobre todo una conversación con uno de los jugadores. Tenía la rodilla chunga desde hace la tira de tiempo, jugaba con cuentagotas, entre dolores, vendajes y alguna vez hasta infiltrado. Recuerdo perfectamente una charla en la enfermería (era como se llamaba la sala, aunque lo que había era un fisioterapeuta, y nunca un enfermero) en la que me pidió desesperadamente que le arreglase la rodilla para jugar, a cualquier precio, porque necesitaba un contrato para seguir jugando y con las estadísticas de ese año nadie le iba a fichar, porque tenía dos hijos y no quería quedarse sin trabajo. No lo conseguí. Se que al año siguiente no tuvo equipo. Me dolió. Yo ya había decidido que el deporte profesional y yo no congeniábamos. 

Si pensamos que la salud es poner en un estado óptimo de funcionalidad a una persona, la fisioterapia del deporte y más concretamente la fisioterapia en el deporte de élite es la máxima expresión posible de la profesión. "Citius. Altius. Fortius". Pero yo veo más la salud como un proceso, con sus altos y con sus bajos. Y al fisioterapeuta como un apoyo para superar los segundos. En el deporte de élite, a veces, ese apoyo es como si concediésemos un préstamo a la persona, sabiendo que es posible que se quede endeudada durante mucho tiempo (o no, tampoco podemos jugar a ser adivinos). Y sí, es cierto que la persona es consciente y responsable de eso, y que en ningún momento nuestra actuación adolece de falta de ética. Para nada. No, simplemente descubrí que no es mi campo. Que adoro el deporte. Y la fisioterapia. Y a los fisioterapeutas que se dedican al deporte de élite. Pero que preferí hacer fisioterapia en otro ámbito. De otra manera. No para que alguien sea el más rápido, el más alto, el más fuerte. Solamente para que esté mejor, y perdonadme si no es poco.

Muchas gracias y buena lectura.

Imagen de dominio público con licencia CC