viernes, 4 de agosto de 2017

Con un par...

Hay que ver lo que tiene Agosto. O mejor, lo que no tiene. Lo que no tiene agosto son noticias (parece que estaba pasando algo importante en Venezuela, pero ha sido que el PSG pagase 222 millones por Neymar y Venezuela ha desaparecido de las portadas). Y como no tiene noticias, pues los periódicos sacan cualquier cosa.


A ver,  que está claro que en España somos muy buenos inventores, de hecho este invento está en la mejor tradición española en la que cualquier invento consiste en meterle un palo a algo. ¿Un palo con un trapo? pues ya tenemos la fregona (Made in spain). Un palo y unos muñequitos, el futbolín (Spain, of course). ¿Un palo y un caramelo? El chupa-chups (¿qué hay más español que un chupachups?). ¿Un  palo y dos pelotas?.... no voy a hacer comentarios.


O sí, que para eso tengo un blog. Y no voy a comentar sobre El País, sino sobre lo alborotados que se han puesto los Colegios y sus colegiados. Si de verdad pensamos que esta noticia o que este invento es una amenaza para la fisioterapia igual los que tenemos un problema somos nosotros. Si pensamos que nuestra competencia va a ser un "masajedador de espalda" lo que está claro es que tenemos que parar un momento y darnos cuenta de que se nos está yendo de las manos (o precisamente, siendo más sutil, que no se nos está yendo de las manos). Que yo haga masajes no me convierte en masajeador, y sobre todo tengo muy claro que si el dolor de espalda de un futuro paciente se quita simplemente con pasar la dichosa pelotita por encima del punto, a lo mejor a esa persona no le hacía falta ni fisioterapia. Pero no, esta entrada tampoco va a ser un alegato sobre lo que yo opino que debería ser la fisioterapia. Para eso ya he escrito otras en este blog.

Lo que me llama la atención es la facilidad con la que los fisioterapeutas vamos a las barricadas. Que en un programa de radio un humorista (y subrayo, un humorista) hace bromas sobre su visita a un fisioterapeuta: lapidación (ojo, pero luego no entendemos que algunos pidan cerrar El Jueves o Charlie Hebdo por las tiras satíricas). Que un señor consiga una subvención de 8000 € (Olé sus pelotas, tengo compañeros fisioterapeutas investigadores que no han conseguido nunca esa cantidad de dinero en su vida para investigar) para un invento absurdo y que un periodico lo publique y ya tengo mi TL de Facebook y de Twitter lleno de quejas y pidiendo la cabeza del redactor. Pero vamos a ver. Exactamente ¿qué es lo que os molesta de la noticia? porque os juro que no lo acabo de entender. Lo único que me parece es que seguimos siendo el enanito gruñón de la salud española. Y claro, así nos va cuando necesitamos buscar aliados.

Luchar sí, por supuesto. Soy el primero dispuesto a luchar por la profesión. ¿Pero esto? No hombre no. Las noticias de Agosto son eso, noticias de Agosto.

Muchas gracias y buena lectura.


viernes, 7 de julio de 2017

El Ministerio del Tiempo, Simona y el goniómetro

Adoro el Ministerio del Tiempo. Pero no voy a hablar de eso (ni a hacer spoilers). Lo cito solamente para explicar una de las razones por las que creo que no habrá una cuarta temporada. Al menos no en la televisión pública. Medir audiencias. Medir audiencias del mismo modo que se medían hace años, cuando no existían redes sociales, cuando no existía Netflix, cuando no tenías la posibilidad de ver la serie que quieres en el momento que quieres. Si medimos productos del 2017 con metodología de 1997 probablemente las decisiones que tomemos en consecuencia no sean las mas acertadas.

Simona. El día que conocí a Simona llevaba un tutor en la pierna desde hacía 18 meses, le habían hecho seis operaciones, le habían extirpado dos veces un tumor óseo y no doblaba la rodilla ni un grado. Trabajé con Simona durante otros 18 meses en total, todas las semanas, varias veces a la semana (cometiendo muchos errores, me hubiese gustado conocerla ahora y no en el 2001, le hubiese ahorrado tiempo y sobre todo, lágrimas. Es una de esas pacientes en las que pienso cuando digo que a veces la gente mejora a pesar de los sanitarios). Conseguimos que doblase la rodilla, que cargase peso, que pudiese caminar sin muletas, que saltase con las dos piernas... pero nunca conseguimos la extensión de rodilla desde la posición de sentado... A los 9 o 10 meses descubrimos que en una de esas operaciones el traumatologo había decidido no enganchar el tendón rotuliano a la tibia. Piccolo particolare. Simona decidió que no se iba a operar la rodilla nunca más. Seguimos trabajando. Nunca conseguimos esa extensión, pero seguimos trabajando y llegó a poder correr... 

El goniómetro. O ahora que somos más modernos, el dinamómetro, o si queremos ser la leche y ser postmodernos, el acelerómetro. Instrumentos fundamentales en la fisioterapia. Por supuesto... ¿o quizás no? Es cierto, el ojímetro no falla nunca y es mucho mejor.... (modo ironic on, no van por ahí los tiros). En fisioterapia tenemos que medir. Eso no se discute. ¿Pero qué medimos, estructura o función? Enseñamos a usar un goniometro y un dinamómetro a lo largo de la carrera. Y lo enseñamos diciendo que miden la función. La función de la rodilla es doblarse. La función del cuádriceps es contraerse y transmitir una fuerza. Parece obvio que medimos función. Pero yo creo que no dejamos de medir estructuras. Función de una estructura, de una articulación, de un grupo muscular. ¿Y la función de la persona? 


Los test funcionales llegan también a lo largo de la formación. Llegan luego, como si fuesen un complemento a lo largo de la carrera. Es normal que entonces, a los profesionales, primero formados en estructura, luego en la función de esas estructuras y solo al final en la función global, les cueste entender que son, que somos, profesionales de la función. Quizás el cómo enseñamos las cosas tiene que ver en el cómo las aprendemos, solo quizás. Y quizás el cómo aprendemos las cosas tiene que ver con la identidad profesional que adquirimos. Solo quizás. Y luego nos pasa como a la televisión, que corremos el riesgo de tomar decisiones sobre nuestro paciente, con nuestro paciente, basadas en datos de un paradigma que ya no es el nuestro.

Por cierto. La última vez que vi a Simona fue hace unos nueve años. Ella no me vio. Ibamos en el autobús los dos. Ella iba de pie. Sin agarrarse. Llevaba un niño pequeño en brazos. Luego supe por amigos comunes que era suyo. Cargaba todo su peso en su pierna buena. El autobús se paró en Via Cornigliano. Simona se acercó a la puerta. Y bajó las escaleras del autobús con su niño en brazos, sin agarrarse. Un pié en cada escalón. Creo que solamente un fisioterapeuta me entenderá si digo que me emocioné cuando vi aquella maldita rodilla hacer un excéntrico monopodal con carga añadida...

Muchas gracias y buena lectura.

jueves, 6 de julio de 2017

"Indaba" en Ciudad del Cabo

Hoy tengo el placer de que mi amiga y compañera Beatriz Martínez haya querido aceptar mi invitación para darnos otro punto de vista sobre el Congreso WCPT2017. (Mil gracias por hacerlo)


La primera vez que asistes a un Congreso Internacional de la World Confederation for Physical Therapy (WCPT) no eres capaz de conectar los puntos y ver la imagen final. Simplemente te dejas llevar por la ilusión colectiva, de simposio en simposio, tratando de absorber lo que el elenco de ponentes ha venido a compartir. 

Pero cuando repites, porque repites, entonces sí eres capaz de viajar miles de kilómetros, no sólo para escuchar a los gurús de nuestra profesión, sino para poder desvirtualizar ese networking digital que alimentas cada día desde tus RRSS, y sentirte parte de esa comunidad global de colegas, que en los 5 continentes, cuidan de la salud de sus pacientes desde los conocimientos de la Fisioterapia. Y es entonces, cuando ves la imagen final. Cuando te das cuenta de que lo que nos une no es una lengua común, el inglés, (cabe aquí decir que en esto los españoles estamos muy justitos), ni el término “Fisioterapia” (que recibe denominaciones muy diversas en otros países). Lo que nos une es la pasión por lo que hacemos, la necesidad de compartirlo y las ganas de seguir creciendo cada día.


Y así, en la sesión inaugural de este XVIII Congreso, celebrado en Ciudad del Cabo, más de 2.000 fisioterapeutas de 100 países diferentes, bajo la guía del líder de Drum Café (grupo musical local), creamos en tan sólo unos minutos una composición musical, rítmica y armoniosa. Sólo con nuestras manos (como no podría ser de otra forma), los tambores africanos y el sentimiento colectivo de comunidad. Y esa melodía mágica creó el hechizo invisible que nos ha mantenido unidos los siguientes 3 días. 



¿Alguien podía imaginar hace unos años que un Congreso Internacional podría unir a más de 70 fisioterapeutas en una sesión de “Social Media“ que da comienzo tras varias asanas de yoga y un selfie colectivo? Nuestra profesión avanza y el formato de los Congresos evoluciona. Junto a las evidencias que nos traen los grandes como Paul Hodges, Kari Bo y Jo Nijs, los poster y las clásicas rapid five platforms, se celebran sesiones para discutir la historia de nuestra profesión, las especialidades o las acreditaciones internacionales de los programas de Grado.

Indaba es la única palabra africana que he aprendido estos días. Se usa para hablar de una importante conferencia celebrada por los principales hombres zulús. Sin duda, los anfitriones han conseguido una Indaba a la altura de su Table Mountain. 

Próxima cita, Ginebra 2019. 

Dra. Beatriz Martínez 

Profesora de fisioterapia de la Universidad Europea de Madrid

viernes, 23 de junio de 2017

Gaudeamus Igitur

Hoy toca ir de Graduación. Y como a pesar de que voy a poder hablar mucho voy a tener que ceñirme a un guion muy claro voy a aprovechar que el blog y la entrada son mías y voy a empezar dando las gracias a Beatriz y a Francisco por el regalazo que me han hecho. Bea, Paco, gracias por permitirme disfrutar de esta graduación desde una posición inmejorable. No se si me lo merecía, pero voy a intentar merecérmelo.

Y es que esta Graduación es para mí especial. Se completa hoy mi cuarto curso como docente. Y eso quiere decir que unas filas más allá, sentados esperando a recibir la beca estarán Alessia, Sara, Aldo y otros compañeros que estaban también sentados enfrente de mí el primer día que empecé a dar clase. Y de la misma manera que a ser padre te enseñan tus hijos, ellos fueron los primeros que me enseñaron a ser profesor. Gracias.
Mezclados con ellos también estarán Antonio, Diego, Marina,  y muchos más estudiantes con los que compartí horas de clase, dudas sobre vendajes, puntos gatillo, ultrasonidos y Kabat. Pero también compañeros (sí, ¿lo veis que ese día llegaba?)  con los que compartí dudas sobre casos clínicos, paradigmas, competencias y futuros de la fisioterapia.

Me emocionaré al leer vuestros nombres, lo se. Me emocionaré más que cuando hace años leí el discurso en mi propia graduación (por cierto, estad atentos al discurso de María. María, es precioso. Ayer, mientras lo leías en el ensayo, con el auditorio vacío y tus manos en los bolsillos me apretaste el corazón con tus palabras). Digo que me emocionaré porque veros desde hoy compañeros me completa como docente. Como si por una suerte de algún extraño mecanismo de epigenética la evolución de la profesión siguiese a través vuestro. Seré responsable de una parte infinitesimal de vuestros aciertos, y culpable de la mayoría de vuestros errores. Así que hoy, mientras vosotros os graduáis como fisioterapeutas yo me gradúo también y completo una de esas 4 facetas profesionales (asistencial, gestora, investigadora y docente) de las que os hablé en otoño del 2013.

¿Y ahora qué?, diréis. Pues no voy a deciros nada. Leed esta entrada de Carlos Castaño, leedla y memorizadla como si fuese materia de examen, yo no podría daros mejores consejos. Ahora disfrutad. Disfrutad de este día, con vuestros amigos, con vuestras familias. Disfrutad de la profesión que habéis alcanzado. Disfrutad de la responsabilidad que conlleva. Disfrutad aprendiendo con otros compañeros, con los pacientes. Disfrutad cuestionándoos lo establecido, el siempre se ha hecho así o el no se puede hacer de otra manera. Disfrutad pensando. Disfrutad aprendiendo (sin exámenes es mucho mejor). Disfrutad siendo fisioterapeutas.

¿Y yo? ¿Ahora qué? Pues ahora a seguir aprendiendo de vosotros. A seguir aprendiendo de vuestros compañeros, esos que ocupan hoy los asientos de clase. Y también a seguir aprendiendo de vuestros compañeros, esos que hoy llevan toga y birrete (gracias también a ellos, a Vanesa, a Carlos, a Raquel, a Mónica, a todos vosotros, un café con vosotros es siempre un regalo). Y a emocionarme cuando el coro cante aquello de


Vivat Academia
Vivant profesores


Pero sobre todo vivan los estudiantes!!!!

Muchas gracias y buena lectura

lunes, 19 de junio de 2017

Él nunca lo haría

Pasó hace unas semanas. En uno de los grupos de WhatsApp que comparto con otros compañeros (esos fisiofrikis nos llama mi chica) hablábamos de esos pacientes que de un día para otro simplemente "desaparecen".  No, no hablábamos de aquellos que te dejan tirado, sin avisar ni nada, esos que te cogen cita urgente para mañana a las 8 de la mañana, y después de darte un madrugón de campeonato te dejan más en la estacada que los barones socialistas a Pedro Sánchez. Hablábamos de esos pacientes a los que tratas, una, dos o tres veces, que están mejorando, aquellos pacientes con los que has pautado y consensuado un plan de ejercicio, de tratamiento,  unos objetivos, y que de repente, con  una llamada de teléfono, o con un mensaje de whatsapp anulan la cita, sin motivo, sin explicaciones. Si te he visto no me acuerdo.

Hace unos meses, en Twitter (más frikis, sin el apellido, generalizando) preguntaba Julio Mayol cómo se sentían los profesionales ante el abandono por parte del paciente:
La respuesta es cuando menos curiosa. Un 60% de los profesionales se sienten dolidos ante una pérdida de ese tipo. Quizás el raro soy yo, pero no lo veo. Hablamos a menudo de "mis" pacientes, o de "nuestros" pacientes, evocando con esos determinantes posesivos un concepto de posesión completamente equivocado desde mi punto de vista. La relación terapeuta-paciente no es una relación de pareja, ni de amistad, en la que dos personas se escogen libremente, y en la que esa sensación de abandono cuando las cosas al final se acaban puede estar justificada. La relación terapeuta-paciente es  absolutamente asimétrica. Es el paciente aquel que escoge el terapeuta (y algún político español diría que es el terapeuta aquel que es escogido por el paciente, y es el paciente el que vota al alcalde, pero vamos a dejarlo aquí), o en según que sistemas, es el propio sistema el que asigna un terapeuta a un paciente, o un paciente a un terapeuta. Pero por lo que yo conozco no existe en ningún caso el profesional sanitario que va "eligiendo" a sus pacientes (aunque reconozco que como idea no estaría nada mal). Tiene mucho más sentido por ello que yo hable de "mi" dentista, o de "mi" médico de familia, a que yo hable  de "mis" pacientes.

Y sin embargo en fisioterapia ese porcentaje del que hablaba Julio Mayol se mantiene o incluso se eleva. De eso hablaba con mis compañeros (sí, aquí el mis si está bien utilizado). Ese paciente al que pensábamos que con una o dos sesiones más habríamos alcanzado todos los objetivos y que nos "abandona" antes de tiempo. ¿Antes de tiempo? ¿Abandona? A lo mejor no es así del todo. En fisioterapia, habitualmente, no salvamos vidas. Sí, es cierto, mejoramos la calidad de la vida de los pacientes, pero eso también lo hacen mil otras cosas (voy abriendo el paraguas), un libro, tener más tiempo libre, un analgésico, 6 en la primitiva... Y además, somos bastante periféricos en la vida de muchos de esos pacientes. Ese paciente ha pasado con nosotros una, dos, quizás tres horas en el último año de su vida... (no hagáis cuentas, ya os lo digo yo, un porcentaje menor del 0,05... tendría peso estadístico). No sabemos porqué el paciente dejó de venir, quizás consideró que ya se encontraba lo suficientemente bien como para necesitar esa otra sesión que habíamos planificado juntos, o quizás todo lo contrario, consideró que no se encontraba lo suficientemente bien como para seguir acudiendo a nosotros y prefirió buscar en otro sitio. Quizás simplemente no tenía tiempo, o dinero, o ganas, o cualquier otro motivo que no le apetecía compartir con nosotros.

Hace años que decidí dejar de hacerme pajas mentales elucubraciones sobre aquellos aspectos que no podía controlar. Admití que esta relación con la que trabajo es una relación en la que de alguna manera (y aparte del paraguas, voy poniéndome un chubasquero por la que me pueda caer) el fisioterapeuta tiene mucho de kleenex, muy útil cuando es útil, hasta que de repente un día no lo necesitas más y se va a la basura. Acepté que yo soy de mis pacientes,  y que son ellos los que deciden cuando empieza nuestra relación y cuando acaba. Asumí que por mucho que establezca con ellos una buena relación, que los involucre en tratamiento y en la toma de decisiones, seguimos siendo dos extraños que caminan juntos solamente durante un breve trecho del camino. Me hice cargo que como en cualquier relación de pareja solo sabemos cuando va a acabarse cuando ya se ha acabado, y que en esto tampoco hay simetría.



No, el paciente no me abandona cuando decide dejar de venir. Entiendo que tiene sus motivos aunque yo no los conozca, de la misma manera en la que yo abandono un tratamiento cualquiera sin que la amoxicilina se sienta abandonada por ello. Pero en el colmo de la asimetría de esta relación, seguiré sintiendo el peso de la responsabilidad cuando un paciente, cuando ese mismo paciente, deposite su confianza en mí para que le pueda ayudar. 

Muchas gracias y buena lectura.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Falsas disyuntivas

- " y tú pequeñín... ¿a quién quieres más? ¿a papá o a mamá?"

Los que son padres o madres saben que esa pregunta solamente nos informa de una cosa. Del desconocimiento por parte de la persona que la realiza. Podría hablar de paternidad, visto que el tema me vuelve a tocar de cerca, pero en el fondo, como de costumbre voy a hablar de otra cosa. Y que me lluevan piedras.

De cuando en cuando escucho a diversos compañeros señalar como uno de los problemas (otro más) de esta profesión mia la proliferación de dobles grados. Lo justifican diciendo que el doble grado causa en el estudiante una falta de identidad. Y lo dicen tan convencidos que a veces, en algunos momentos, tengo la sensación de que lo que dicen sea verdad. Luego miro los libros de Psicología que se amontonan sobre mi mesa, en mi clínica, en la mochila y me entra miedo de estar perdiendo también yo parte de mi identidad. Por suerte acabo despertándome y volviendo a la realidad.

Una tarde de septiembre de 1996, Tomás Gallego Izquierdo, en aquel momento responsable de la escuela de Fisioterapia donde me formé, nos recibió a todos contándonos que era la fisioterapia. O mejor, la FISIOTERAPIA. Creo que a Tomás se le podrán hacer muchas críticas, pero la de que le falte identidad profesional seguramente no. Lo curioso es que Tomás Gallego es enfermero además de fisioterapeuta. En aquellos años tuve también el placer de conocer a una persona que ha estado vinculada al Colegio de Fisioterapeutas de Madrid desde sus inicios, Ramón Bonilla, actual Defensor del Ciudadano del Colegio. Otra persona con un compromiso total con la identidad de la fisioterapia. Y que además de enfermero y fisioterapeuta es licenciado en Derecho. Hablando del Colegio de Fisioterapeutas de Madrid, su ilustre Decano es licenciado en Humanidades. Y la directora del Departamento de Fisioterapia de la Universidad para la que trabajo, licenciada en Derecho. Y conozco multitud de fisioterapeutas licenciados en Psicología, diplomados en Podología (recordáis cuando la doble que molaba era esa), licenciados en Periodismo... incluso conozco maravillosos fisioterapeutas que antes de serlo han sido licenciados INEF, o con el cambio de Bolonia, grado en CAFYD. Y de ninguno de ellos dudo a priori de su identidad profesional.... entonces... ¿dónde está el problema?

A ver si alguien me lo explica. ¿Si una persona estudia fisioterapia y luego estudia otra carrera, ese nuevo estudio no le genera una falta de identidad sino que aumenta su conocimiento, pero si se estudian a la vez no? (que alguien me explique cual es el constructo que lo justifica) ¿Cual es el plazo necesario para que dos carreras se puedan estudiar sin que el conocimiento adquirido en la segunda genere interferencia con la identidad proporcionada en la primera? ¿Un año? ¿Diez? ¿Y la identidad vencedora en ese "Juego de Tronos" interno es la primera o la segunda? ¿Y el plazo necesario para que una formación me dote de una identidad? ¿Y cómo sobreviven las personas que tienen tres títulos universitarios? (Imagino que colapsan en una especie de crisis de identidad profunda de la que solamente pueden salir inscribiéndose en otra carrera más, por ejemplo Psicología).

A ver si lo explico. Ser fisioterapeuta y grado en Ciencias de la Actividad Física y Deportiva no son dos categorías exhaustivas y mutuamente excluyentes. Uno puede ser fisioterapeuta y lo que le de la gana. De hecho hay fisioterapeutas de muchos tipos: listos y tontos, guapos y feos, hombres y mujeres, hay incluso algunos que son fisioterapeutas y extrusos y mal que me pese siguen siendo fisioterapeutas (y considero que a la identidad profesional le hacen bastante más daño). Las únicas categorías identitarias exhaustivas y mutuamente excluyentes  a este nivel son "Ser Fisioterapeuta" y "No ser Fisioterapeuta". El resto son categorizaciones que ayudan a marcar un "nosotros" y "ellos" que no es real.



Habrá momentos en los que el pequeñín quiera más a papá. Otros en los que quiera más a mamá. Pero no es una elección disyuntiva. Y no comporta una falta de identidad.  La identidad profesional va más allá de un título universitario. Es la diferencia entre hacer fisioterapia (un trabajo, como otro cualquiera) y ser fisioterapeuta (una profesión, como otra cualquiera). Y ser fisioterapeuta no está reñido con mil otras cosas más. Y estaría bien que de vez en cuando dejásemos de estar reñidos con mil otras profesiones más.

Muchas gracias y buena lectura.

martes, 31 de enero de 2017

Moviendo lindes

El otro día tuve el placer de participar como invitado a una mesa redonda sobre el Extrusismo que organizó el Colegio de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid. Me doy cuenta de que tengo unas cuantas cosas más que decir sobre el extrusismo de las que he dicho hasta ahora, pero no será el tema de la entrada de hoy. Lo dejaré para más adelante. Hoy quiero ser polémico. Y como quiero ser polémico hablaré de Ese oscuro objeto del deseo en que se ha convertido el ejercicio. O siempre en términos cinematográficos, de La Delgada Línea Roja entre CCAFYDE  y Fisioterapia.

Después de escuchar a unos, a otros, de leer desde hace varios meses sobre el tema,  y después de haber buscado un poco de información para preparar esa mesa redonda tengo unas cuantas preguntas que hacerme, o que haceros, me encantaría que me ayudaseis a responderlas.

Nos peleamos con los médicos, yo el primero, para que no se apropien de la palabra diagnóstico. Entendemos y aceptamos que un fisioterapeuta puede hacer diagnóstico dentro de su profesión de la misma manera que un médico lo hace en la suya. Cuando la palabra en cuestión es "ejercicio" lo que hacemos es añadirle terapeutico para defenderlo como nuestro. No hace falta. El ejercicio pertenece a la fisioterapia por derecho, pero no en exclusiva. Lo mismito que les decimos del diagnóstico a otros profesionales. Le ponemos el apellido "terapeutico" para que parezca más nuestro. Pero vamos a ver si eso no encierra una mala noticia, o por lo menos una perversión.

Defendemos, a capa y espada, y en cualquier foro, que nos gustaría que la fisioterapia fuese una profesión de acceso directo, de primera intención. Es decir, que pudiésemos trabajar tranquilamente sin el diagnóstico médico. Y la verdad es que esto, en la mayoría de los casos es ya una realidad (el 90% de los pacientes que veo en mi ejercicio profesional carecen de ese diagnóstico médico). Ahora, defendemos que el ejercicio si hay una patología (es decir, diagnóstico médico) es de nuestra propiedad, porque se convierte en ejercicio terapeutico (he aquí la perversión de la palabra, según la RAE terapeutico es aquello encaminado al tratamiento de dolencias... y si mi paciente no tiene una dolencia? y si mi paciente no tiene una enfermedad? en ese caso puedo prescribirle un ejercicio?) Si nos atenemos a la defensa que hacen algunos, estaríamos haciendo extrusismo un día sí y otro también.

Y si decimos que es porque hay patología... realmente todos los fisioterapeutas estamos preparados para dosificar ejercicio para una diabetes, o para una obesidad mórbida....?  un poco de H-U-M-I-L-D-A-D, que sepamos de patologías no nos hace saber de todas las patologías del mundo más que nadie. Ahora, desde el otro lado, aviso a navegantes. No solamente sabemos de patología músculo-esquelética... pensamos que cualquier CCAFYDE es capaz de prescribir ejercicio a una persona con una PCI, o con un problema de ataxia....? De nuevo un poco de HUMILDAD, también por el otro lado.

Igual los fisioterapeutas tenemos que centrarnos en lo que sabemos, en lo que realmente es nuestro objetivo profesional. Somos profesionales en la recuperación de la función. Esta intención es la que debe guiar nuestro diagnóstico, y por ello nuestro tratamiento. Tal y como lo veo yo, si una persona quiere poder correr porque tiene un problema que se lo impide, el fisioterapeuta es el profesional indicado para pautarle ejercicio. Si esa misma persona ya puede correr y lo que quiere es hacerlo de una manera más eficiente, más rápida, o por un terreno diferente, el fisioterapeuta debería saber decir: No gracias. Busca un profesional adecuado

Otra forma de verlo sería saber quién paga los platos rotos si las cosas van mal. Es decir, quien tiene responsabilidades (quién tiene que responder) si las cosas van mal. Por mi perfil profesional se que si planteo un ejercicio equivocado o cambio un tratamiento pautado, o simplemente aplicando un tratamiento pautado por otro profesional, soy R-E-S-P-O-N-S-A-B-L-E  de todo ello. ¿Hasta donde llega la responsabilidad en otras profesiones? ¿Por qué pueden ejercerla sin tener una colegiación obligatoria? ¿Tienen un seguro de Responsabilidad Civil?



En algunos momentos esta disputa (para ti esto es un fitball, para mi una pelota de Bobath, para la gente de la calle es una pelota de esas grandes, todos tienen razón) me recuerda a esas disputas de los agricultores gallegos, moviendo de día una piedra aquí o allí para agrandar una linde mientras el vecino la vuelve a mover de noche.

Muchas gracias y buena lectura