viernes, 13 de enero de 2017

Esas incoherencias adolescentes.

Ponemos en la puerta "Fisioterapia Manual Avanzada". Pero dentro seguimos haciendo masaje. Y Cyriax.

Le explicamos a nuestro paciente que no se tiene que preocupar si en la resonancia magnética aparece una hernia, porque las pruebas de imagen no tienen relación directa con sus síntomas. Pero luego le hacemos una ecografía.

Nos ponemos como energúmenos si a una esteticista le da por hacer un masaje a uno de nuestros pacientes. Pero nos parece lo más normal del mundo quitarle la leche y los tomates de su alimentación. O tratar fobias.

Nos encanta decir que no nos hace falta el diagnóstico médico para trabajar. Pero luego nuestro argumento para justificar nuestra primacía en el ejercicio terapéutico es "Si hay patología (ergo diagnóstico médico) es nuestro."


Sabemos perfectamente que los tendones responden principal y casi exclusivamente a los estímulos de mecanotransducción. Pero le seguimos soltando descargas como si fuese un tratamiento de elctroshock.

Se nos llena la boca hablando de razonamiento clínico y educación terapéutica. Pero solamente llenamos los cursos que hablan de técnicas.

Criticamos sin parar a nuestras instituciones profesionales. Pero a las asambleas acude un 1%.

Somos muy buenos diciéndole al resto de profesionales que tienen que derivarnos pacientes. Pero con tanto derivar nos hemos convertido en "todoterapeutas" y nosotros no hacemos lo mismo.

Reivindicamos el cambio de paradigma y el movimiento activo. Pero seguimos poniendo la camilla en el centro de la sala.


Muchas gracias y buena lectura.



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